El abstencionismo en las recientemente celebradas elecciones presidenciales en Honduras, según los medios estatales cubanos, asciende de 65% hasta el 70%, aunque el depuesto presidente Manuel Zelaya declaró que en algunas localidades llegó hasta un 75%. La fuente de esta información se desconoce. Ni siquiera a Telesur se le pudo adjudicar, de acuerdo a lo que pudimos ver el lunes pasado en el Noticiero del Mediodía de la televisión cubana.
La abstención, según informó también el lunes último el Nuevo Herald, se ubicó por debajo del 45 por ciento, un porcentaje menor de la registrada en las elecciones del 2005, cuando Manuel Zelaya resultó electo presidente. Ayer el Noticiero Estelar publicó un reporte sobre el supuesto rechazo internacional a los resultados de los comicios hondureños, en el que primó una declaración del Presidente de Ecuador. Pareciera que Correa es el mundo.
En el citado noticiero del lunes vimos una vez más al Presidente venezolano, Hugo Chávez, quien voz en cuello expresó que los comicios presidenciales en Honduras fue una farsa. «Esta farsa de hoy», dijo refiriéndose a la histórica jornada en su programa Aló Presidente, irrespetando de esta manera la voluntad de la mayoría del humilde pueblo hondureño, que considera ya zanjada la crisis política que comenzó el pasado 28 de junio con la destitución y expatriación de Mel Zelaya.
Pero todos estos acontecimientos lo que impulsaron fue a una inmediata reflexión de Fidel loando al Bolivariano en Jefe, quien -según Castro- ni es armamentista, ¡no señor!, ni osito glotón buscador afanoso de panales para si mismo. La pérdida de Honduras hizo que la aparatera nomenklatura cubana enfocara su discurso hacia otra dirección, en aras de mantener desinformada o al menos desorientada a la opinión pública nacional.
Por otra parte, la cancillería cubana rechazó consejos en tema de derechos humanos, a solo unos días de conmemorarse el 61 Aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU. La desfachatez del gobierno cubano se ha puesto una vez mas de manifiesto con la arbitraria detención del hijo del fallecido comandante Juan Almeida Bosque, Juan Juan Almeida, quien intentaba reclamar públicamente su derecho a salir del país. Violaciones y más violaciones son las respuestas de La Habana al clamor internacional que favorece el respeto de las libertades fundamentales de la persona humana. Nada de cambios.
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
«De cambio y unidad».Por:Juan Mario Rodríguez.
Anteayer un amigo visitante llegado del norte me comentó con total intención que la administración Obama está trebejando políticamente ajedrez y no ejercitando la lucha libre, como erráticamente hiciera la saliente administración republicana.
El comentario -que por supuesto no atañe solamente a nuestro caso (el de Cuba)-, un tanto chispeante, encierra una observación muy seria cuyo origen es el alcance de las primeras medidas tomadas por los Estados Unidos frente a la crisis financiera internacional y en relación con América Latina, Europa y el mundo en general.
La parte que nos toca, sin chovinismo, me hizo meditar en la predestinación de la cubanidad que a través de nuestra historia nos hemos (han) atribuido. Quienes primero lo hicieran, seguramente, pensaron -con mucha razón- que el hecho de estar ubicados geográficamente a solo unas millas de la que sería la nación más grande del planeta debía ser una señal divina. Otros, con falso orgullo, se han dedicado a renegar la voluntad del Creador atacando con o sin argumentos a los yanquis.
Los tiempos cambian porque los seres humanos tenemos la capacidad de evolucionar según factores como el entorno, el que a su vez los propios seres humanos transforman. Esa capacidad ha hecho que los estadounidenses superaran diferencias que parecían irreconciliables y, por ejemplo, eligieran a un afrodescendiente como su presidente y a una dama para desempeñar el cargo de vicepresidente. Confieso que casi hasta el final de la campaña pensaba en la incapacidad de los norteamericanos para tal elección, la que, a la postre, consumaron históricamente el pasado mes de noviembre.
La situación económica global tiende a acercarnos. Los cubanos y los estadounidenses, también por pura lógica, estamos llamados a la unión amistosa y solidaria, lo que no significa anexionismo. Valga la aclaración, que no responde al supuesto patriotismo del que se jactan los mandantes isleños.
El futuro y la prosperidad de la nación cubana estarán estrechamente ligados al cambio que conlleve, como no, a las buenas relaciones con nuestro poderoso vecino, el ideal socio comercial de Cuba. Tratar de minar ese camino le ha tomado infructuosamente demasiado tiempo al castrismo.
La introducción de éste papel juega con la opinión de otro allegado que alaba el trabajo de los asesores y la posición de Obama respecto al reflexivo en jefe. Ellos «se limitan herméticamente en las alusiones a la persona» que tiene la voz cantante y la propiedad del pentagrama en la isla. Según mi amigo, eso lo está matando. Todo pasa y lo malo…
El comentario -que por supuesto no atañe solamente a nuestro caso (el de Cuba)-, un tanto chispeante, encierra una observación muy seria cuyo origen es el alcance de las primeras medidas tomadas por los Estados Unidos frente a la crisis financiera internacional y en relación con América Latina, Europa y el mundo en general.
La parte que nos toca, sin chovinismo, me hizo meditar en la predestinación de la cubanidad que a través de nuestra historia nos hemos (han) atribuido. Quienes primero lo hicieran, seguramente, pensaron -con mucha razón- que el hecho de estar ubicados geográficamente a solo unas millas de la que sería la nación más grande del planeta debía ser una señal divina. Otros, con falso orgullo, se han dedicado a renegar la voluntad del Creador atacando con o sin argumentos a los yanquis.
Los tiempos cambian porque los seres humanos tenemos la capacidad de evolucionar según factores como el entorno, el que a su vez los propios seres humanos transforman. Esa capacidad ha hecho que los estadounidenses superaran diferencias que parecían irreconciliables y, por ejemplo, eligieran a un afrodescendiente como su presidente y a una dama para desempeñar el cargo de vicepresidente. Confieso que casi hasta el final de la campaña pensaba en la incapacidad de los norteamericanos para tal elección, la que, a la postre, consumaron históricamente el pasado mes de noviembre.
La situación económica global tiende a acercarnos. Los cubanos y los estadounidenses, también por pura lógica, estamos llamados a la unión amistosa y solidaria, lo que no significa anexionismo. Valga la aclaración, que no responde al supuesto patriotismo del que se jactan los mandantes isleños.
El futuro y la prosperidad de la nación cubana estarán estrechamente ligados al cambio que conlleve, como no, a las buenas relaciones con nuestro poderoso vecino, el ideal socio comercial de Cuba. Tratar de minar ese camino le ha tomado infructuosamente demasiado tiempo al castrismo.
La introducción de éste papel juega con la opinión de otro allegado que alaba el trabajo de los asesores y la posición de Obama respecto al reflexivo en jefe. Ellos «se limitan herméticamente en las alusiones a la persona» que tiene la voz cantante y la propiedad del pentagrama en la isla. Según mi amigo, eso lo está matando. Todo pasa y lo malo…
miércoles, 3 de junio de 2009
«Zelaya.Taller de democracia».Por Juan Mario Rodríguez.
Fidel Castro no quiere regresar a la OEA pero los compinches socialistas del siglo XXI insiten en acreditar al gobierno cubano para que los paises miembros de la organización enmienden la decisión tomada hace casi cincuenta años.
El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, dió una clase de democracia en su intervención de ayer martes. Obviamente el presidente padece alguna patologia amnésica, ya que el gobierno cubano ha gobernado la isla durante ese mismo período de tiempo, impidiendo la organización de partidos opositores y la celebración de elecciones libres. ¡¡¡Qué clase de democracia!!!
En Cuba no se ha movido la cúpula gubernamental desde 1959, los presos políticos y los exiliados se han incrementado cada año y el discurso antinorteamericano es el mismo, con todo y la ascención del popular Barack Obama y sus pretenciones de cambio en las relaciones con Cuba.
No es al pueblo cubano al que la OEA expulsó en 1962 y por lo tanto no es a este a quien Zelaya and company favorecen con sus propuestas. La OEA expulsó al gobierno marxista-leninista que fusiló en masa a quienes obstaculizaban el giro totalitario y que expropió a miles de ciudadanos, incluyendo a extranjeros radicados en la isla. Esta idelogía es incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano.
Zelaya opina que no readmitir a Cuba en la OEA evidencia falta de voluntad. No creo que la división en torno a nuestro caso colapse a la organización. Eso sí, el hondureño pasará a la historia como uno de los que contribuyó a enmascarar al régimen de La Habana con una porción de humo.
El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, dió una clase de democracia en su intervención de ayer martes. Obviamente el presidente padece alguna patologia amnésica, ya que el gobierno cubano ha gobernado la isla durante ese mismo período de tiempo, impidiendo la organización de partidos opositores y la celebración de elecciones libres. ¡¡¡Qué clase de democracia!!!
En Cuba no se ha movido la cúpula gubernamental desde 1959, los presos políticos y los exiliados se han incrementado cada año y el discurso antinorteamericano es el mismo, con todo y la ascención del popular Barack Obama y sus pretenciones de cambio en las relaciones con Cuba.
No es al pueblo cubano al que la OEA expulsó en 1962 y por lo tanto no es a este a quien Zelaya and company favorecen con sus propuestas. La OEA expulsó al gobierno marxista-leninista que fusiló en masa a quienes obstaculizaban el giro totalitario y que expropió a miles de ciudadanos, incluyendo a extranjeros radicados en la isla. Esta idelogía es incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano.
Zelaya opina que no readmitir a Cuba en la OEA evidencia falta de voluntad. No creo que la división en torno a nuestro caso colapse a la organización. Eso sí, el hondureño pasará a la historia como uno de los que contribuyó a enmascarar al régimen de La Habana con una porción de humo.
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