La oficina del Ministerio de la Agricultura que está ubicada contigua a mi domicilio todavía es un atractivo centro de trabajo. En el se labora poco, se devengan salarios aceptables y se resuelve. No obstante, algunos no valoran adecuadamente esas prebendas.
La pasada semana participé en una discrecional reunión ejecutiva en dicha entidad, cuyo asunto fue la solución que se debía tomar respecto a las pérdidas que ocasionaron al Estado el supuesto rechazo sufrido por una carga de papayas que, claramente, no se aprovechó totalmente por una razón de mayor peso: negligencia.
La funcionaria que atiende la distribución se abrió con la Directora y hasta entonó un mea culpa, dispuesta a resarcir el daño, pero aquella, consolatoria, le comunicó a la perdularia que por esta vez encontraría una solución que no afectara ningún bolsillo, no sin antes darle un oportuno verbal tirón de orejas.
El cargamento de frutas había sido depositado sospechosamente en un domicilio ubicado en frente, no así en la ya citada oficina -de múltiples usos- como hacen siempre, al parecer por una repentina desconfianza en los custodios del centro. Cuando los suculentos frutos comenzaron a madurar se trasladaron a cuentagotas hacia otros destinos. Después vendría el episodio de la increíble reunión en la que tomé parte.
Hay que aclarar que la institución les compra a los campesinos de la localidad las cosechas y posteriormente las distribuyen a mercados agropecuarios, hospitales y otras instituciones estatales, una función mediadora en la que están involucrados delegados, economistas y licenciados, que arriban a la oficina para trabajar y relajarse visiblemente, exponencialmente lo segundo. También, hay que decir que no es la primera vez que ocurren negligencias de este tipo: hace algún tiempo, según una economista de la entidad, un cargamento de boniato arrojó una pérdida por valor de unos veinte mil pesos.
A eso es lo que conlleva el hecho de que aún existan tantos burócratas revolviéndose entre la paupérrima producción agrícola nacional. El jueves último, en horas de la tarde, observé como dos hermosas papayas maduras se retiraban deliberadamente de la oficina en manos de sendos empleados. Cosa curiosa, uno de ellos era la disponedora funcionaria negligente.Pero bueno, no haremos leña del árbol caído porque la repartición de papayas entre los empleados y allegados de la oficina fue ostensible.
Quien parte y reparte siempre toma la mejor parte, reza un añejo refrán. ¿Quién paga? Voy a responderme con una frase que expresara el actual Primer Secretario del Partido Comunista de la provincia Santiago de Cuba en un reportaje (Santiago al garete) realizado para el Noticiero de la Televisión por el periodista Israel Hernández Planas que, por contundente, nunca se publicó: “no hay sistema” .
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jueves, 2 de diciembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
«Cuba. El fracaso de la intermediación estatal». Por Juan Mario Rodríguez.
En contra de las prerrogativas y acciones del Estado pesan argumentos variados. Al hecho de que se le considere un pésimo administrador hay que añadir -al menos por lo que ocurre en Cuba- la condición superlativa de ineficiente intermediario. Ineficiente en sentido general.
En el plano nacional se supone que el Estado debe proporcionar al pueblo un ambiente de legalidad y de orden para su propio desarrollo social. En Cuba no sucede esto en la práctica diaria. Aquí las orientaciones de los que mandan están dirigidas hacia la consecución de determinados objetivos y las respuestas de los supuestos cumplidores van por diferentes vías.
Soy vecino de una oficina que es dependencia del Ministerio de la Agricultura, la que se dedica a proveer mercados, escuelas y hospitales con las cosechas de las diferentes cooperativas del municipio Arroyo Naranjo. Yo he visto, entre otras muchas barbaridades, un cargamento de mangos bien verdes listo para ser colocado en alguno de los destinos antes mencionados.
El improvisado almacen.
Los intermediarios estatales reciben de los campesinos la información de lo que cosecharán. Al ser informados rentan a empresas del Estado los vehículos para cargar los productos. Después de realizada la planificada operación, muchas veces acopian el producto en la citada oficina, para posteriormente volver a cargar y distribuir en los diferentes destinos. Hasta ahí funciona todo al no sé cuanto porciento: el campesino cumple como debía el plan de producción y la dependencia su plan de distribución. Si alguien compró los inmadurables mangos, o no, es otra historia. Los gastos por transportación y salarios de los empleados probablemente no se recuperarán.
El simple análisis de la situación económica nacional actual puede conducir a fatales desenlaces, un marco crítico en el que no se debe ni puede descartar, por ejemplo, el suicidio. Especialistas estiman que la isla importa el doble de lo que obtiene por concepto de exportación. Hoy trascendió que Fidel Castro dijo que el sistema no funciona.
El Estado no debe interferir en la explotación de la tierra con fines sociales. Los campesinos no necesitan que se les instruya sobre lo que deben producir ni como hacerlo. La oferta y la demanda debe ser la única relación que exista entre los productores y los consumidores. El Estado cubano no aprende esa lección.
En el plano nacional se supone que el Estado debe proporcionar al pueblo un ambiente de legalidad y de orden para su propio desarrollo social. En Cuba no sucede esto en la práctica diaria. Aquí las orientaciones de los que mandan están dirigidas hacia la consecución de determinados objetivos y las respuestas de los supuestos cumplidores van por diferentes vías.
Soy vecino de una oficina que es dependencia del Ministerio de la Agricultura, la que se dedica a proveer mercados, escuelas y hospitales con las cosechas de las diferentes cooperativas del municipio Arroyo Naranjo. Yo he visto, entre otras muchas barbaridades, un cargamento de mangos bien verdes listo para ser colocado en alguno de los destinos antes mencionados.
Los intermediarios estatales reciben de los campesinos la información de lo que cosecharán. Al ser informados rentan a empresas del Estado los vehículos para cargar los productos. Después de realizada la planificada operación, muchas veces acopian el producto en la citada oficina, para posteriormente volver a cargar y distribuir en los diferentes destinos. Hasta ahí funciona todo al no sé cuanto porciento: el campesino cumple como debía el plan de producción y la dependencia su plan de distribución. Si alguien compró los inmadurables mangos, o no, es otra historia. Los gastos por transportación y salarios de los empleados probablemente no se recuperarán.
El simple análisis de la situación económica nacional actual puede conducir a fatales desenlaces, un marco crítico en el que no se debe ni puede descartar, por ejemplo, el suicidio. Especialistas estiman que la isla importa el doble de lo que obtiene por concepto de exportación. Hoy trascendió que Fidel Castro dijo que el sistema no funciona.
El Estado no debe interferir en la explotación de la tierra con fines sociales. Los campesinos no necesitan que se les instruya sobre lo que deben producir ni como hacerlo. La oferta y la demanda debe ser la única relación que exista entre los productores y los consumidores. El Estado cubano no aprende esa lección.
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martes, 7 de septiembre de 2010
«Cuba.Entre La Habana y Matanzas».Por Juan Mario Rodríguez.
Tropas de Matanzas compuestas por elementos desmovilizados del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias están listas desde hace unos meses para repeler manifestaciones antigubernamentales en la capital. Los despidos masivos de trabajadores, los bajos salarios, los altos precios de los alimentos y la imposibilidad de producirlos en la urbe son las condiciones que propician el surgimiento de un estallido social.
En la provincia de Matanzas la producción de arroz está dando excelentes dividendos en momentos en que el Estado le está comprando a los productores privados todo el grano a 150 pesos el quintal, según datos ofrecidos por campesinos del CAI Arrocero Sur. En Ciudad de La Habana, sin embargo, este producto aparece en el mercado subterráneo a diez pesos la libra y en las tiendas recaudadoras de divisas a casi 2 CUC (peso convertible) el kilogramo.
La Policía Nacional Revolucionaria detecta diariamente en todo el país a cientos de personas que intentan mover de un lugar a otro mercancías para comercializarlas ilegalmente. El destino principal, no obstante, es la capital. El protocolo incluye el decomiso de los productos y la imposición de multas impagables, para mayor afectación. Nadie sabe con certeza a donde van a parar tantas mercancías.
El Estado está imposibilitado para hacer llegar a todos los cubanos productos tales como leche, queso, pescados, mariscos, carne de res, cítricos, etc. En el Noticiero de Televisión exhibieron hace unos días un reportaje en el que productores del poblado habanero Alquízar demostraron su inconformidad por la ineficiencia estatal para trasladar a los mercados los plátanos y boniatos cosechados.
Comenzó el curso escolar y el Ministro de Educación Superior ratificó ayer que la universidad no es para los más capaces, sino para los revolucionarios. El Ministerio de la Agricultura no acaba de desarticular el inmenso entramado burocrático que posee. Ya estamos viendo los resultados agrícolas en la isla. La represión de las masas, eso si, está garantizada. Hay cerebro y músculos para ello.
jueves, 29 de julio de 2010
«Cuba. Julio y agosto en la memoria».Por Juan Mario Rodríguez.
Ayer en la emisión estelar del Noticiero Nacional de Televisión informaron que uno de los asuntos que se analizaron en las reuniones de las comisiones permanentes, previas al 5to período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a celebrarse a partir del 1 de agosto próximo, fue la caída de la producción nacional de café. Este año se produjeron apenas seis mil toneladas del fruto, el diez por ciento del total de cosechas anteriores.
Muy bien por el medio. El reporte indicó que las causas del tremendo descalabro son el deterioro de las plantaciones y el éxodo masivo de los campesinos de los lugares donde ellas están ubicadas. Y ahora, ¿qué pasará? Probablemente, lo mismo que ha estado sucediendo en los últimos cincuenta y un años. Eso sí, los revolucionarios ya están alertados para no aceptar las críticas de los enemigos, los contrarrevolucionarios.
El 26 de julio de 1962 Castro dijo que «las críticas tienen que ser de los revolucionarios para superarlas». Hoy vemos que, por ejemplo, respecto a la producción de café, hace mucho tiempo que las cosas no estaban funcionando, pero ha tenido que ocurrir la dura caída, cual detonante, para que el gobierno, con «fe», recuerde que «a pesar de las cosas que pueda haber mal hechas, no tenemos tregua contra ellas», como también dijera Castro aquel día.
El discurso de arriba sigue mal. El ejercicio, lo vemos, peor aún. En todas direcciones. Por ello, no serán los acuerdos veraniegos, edulcorados con más centralismo, los que revertirán el caos en el que se encuentra sumida la agricultura nacional. Después de los acuerdos, el ejército de burócratas parásitos pertenecientes al ramo continuará haciendo su agosto a costa del sudor de unos pocos humildes productores, a los que bajo ningún concepto se les dejará soñar con independencia. A los acuerdos les seguirán la ineficiencia y la corrupción. El hecho de que una oficina del Ministerio de la Agricultura sea mis vecinos me hace un conocedor de causa.
La libertad es, queda una vez más demostrado, la clave de la prosperidad. Esa verdad de Perogrullo es la amenaza que tanto espanta a los mandantes de la noche. Seguramente a ellos, en medio de tanto desvelo, no les faltará el café.
Muy bien por el medio. El reporte indicó que las causas del tremendo descalabro son el deterioro de las plantaciones y el éxodo masivo de los campesinos de los lugares donde ellas están ubicadas. Y ahora, ¿qué pasará? Probablemente, lo mismo que ha estado sucediendo en los últimos cincuenta y un años. Eso sí, los revolucionarios ya están alertados para no aceptar las críticas de los enemigos, los contrarrevolucionarios.
El 26 de julio de 1962 Castro dijo que «las críticas tienen que ser de los revolucionarios para superarlas». Hoy vemos que, por ejemplo, respecto a la producción de café, hace mucho tiempo que las cosas no estaban funcionando, pero ha tenido que ocurrir la dura caída, cual detonante, para que el gobierno, con «fe», recuerde que «a pesar de las cosas que pueda haber mal hechas, no tenemos tregua contra ellas», como también dijera Castro aquel día.
El discurso de arriba sigue mal. El ejercicio, lo vemos, peor aún. En todas direcciones. Por ello, no serán los acuerdos veraniegos, edulcorados con más centralismo, los que revertirán el caos en el que se encuentra sumida la agricultura nacional. Después de los acuerdos, el ejército de burócratas parásitos pertenecientes al ramo continuará haciendo su agosto a costa del sudor de unos pocos humildes productores, a los que bajo ningún concepto se les dejará soñar con independencia. A los acuerdos les seguirán la ineficiencia y la corrupción. El hecho de que una oficina del Ministerio de la Agricultura sea mis vecinos me hace un conocedor de causa.
La libertad es, queda una vez más demostrado, la clave de la prosperidad. Esa verdad de Perogrullo es la amenaza que tanto espanta a los mandantes de la noche. Seguramente a ellos, en medio de tanto desvelo, no les faltará el café.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
«Agricultura y Derechos Humanos».Por Juan Mario Rodríguez.
El 9 de diciembre de 1959 el naciente gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro otorgó los primeros títulos de propiedad a algunos campesinos cubanos en el marco de la Ley de Reforma Agraria. En el batey Amarillas también hubo beneficiados.
En el hoy matancero pueblo Amarillas, ubicado en el municipio Calimete, son muchos los que un día llegaron a poseer la tierra y posteriormente fueron obligados asociarse a cooperativas del Estado. Los que no accedieron, por su parte, sufrieron y sufren aún todo tipo de presiones de las autoridades, por ejemplo, negación de servicios básicos como la electricidad.
En Amarillas fui detenido por vez primera a causa de mi posición anticastrista. Eso ocurrió el día 11 de noviembre del 2003, en momentos en que repartía en las calles ejemplares de la Declaración Universal de Derechos Humanos a los pobladores. El oficial del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) de la Policía Nacional Revolucionaria que me detuvo me acusó de difundir propaganda enemiga.
La trabas burocráticas que hay que sortear en el país para trabajar la tierra han sembrado de marabú miles de hectáreas. Hace dos años casi un centenar de jóvenes de Amarillas - la mayoría campesinos- se lanzaron al mar para llegar a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor.
Hoy, a cincuenta años de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, los campesinos cubanos están más identificados que nunca con las ideas democráticas, que son verdaderas armas de libertad. El retroceso de la agricultura nacional se revertirá únicamente cuando los campesinos se desempeñen libremente. Mañana, al cumplirse 61 años de la aprobación y proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, será un buen momento para pensar en ello.
En el hoy matancero pueblo Amarillas, ubicado en el municipio Calimete, son muchos los que un día llegaron a poseer la tierra y posteriormente fueron obligados asociarse a cooperativas del Estado. Los que no accedieron, por su parte, sufrieron y sufren aún todo tipo de presiones de las autoridades, por ejemplo, negación de servicios básicos como la electricidad.
En Amarillas fui detenido por vez primera a causa de mi posición anticastrista. Eso ocurrió el día 11 de noviembre del 2003, en momentos en que repartía en las calles ejemplares de la Declaración Universal de Derechos Humanos a los pobladores. El oficial del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) de la Policía Nacional Revolucionaria que me detuvo me acusó de difundir propaganda enemiga.
La trabas burocráticas que hay que sortear en el país para trabajar la tierra han sembrado de marabú miles de hectáreas. Hace dos años casi un centenar de jóvenes de Amarillas - la mayoría campesinos- se lanzaron al mar para llegar a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor.
Hoy, a cincuenta años de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, los campesinos cubanos están más identificados que nunca con las ideas democráticas, que son verdaderas armas de libertad. El retroceso de la agricultura nacional se revertirá únicamente cuando los campesinos se desempeñen libremente. Mañana, al cumplirse 61 años de la aprobación y proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, será un buen momento para pensar en ello.
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